Daniel Raventós: «El Ingreso Mínimo Vital es una renta para pobres»

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Daniel Raventós (Barcelona, 1958), profesor titular de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, es el máximo exponente en España de la renta básica universal. Y además Raventós es una de las 41 personas expertas citadas por la Comisión de Reconstrucción Social y Económica del Congreso de los Diputados, creada para diseñar la salida de la crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia del coronavirus.

“Parece extraño que me hayan llamado a mí”, bromea Raventós, presidente de la Red Renta Básica. Sobre su comparecencia, reconoce no tener “ni idea de cómo o cuándo va a ser”, pero se hace “a la idea tras acudir a otros parlamentos autonómicos en Euskadi o Cataluña”, declara a Political Watch. “Supongo que la comparecencia será telemática si la comisión ha arrancado ya”, comenta. 

Invitado por ERC, los 41 expertos llegan fruto de un pacto infrecuente entre PSOE, PP, Unidas Podemos, Ciudadanos, Vox, ERC y PNV. “No he tenido ningún contacto con otro compareciente, así que no sé cómo se desarrollará todo”, insiste. “Nadie me ha avisado aún de que tengo que ir”. 

Preguntado sobre si tiene esperanzas de que el Congreso o el Gobierno saquen adelante una renta básica, el profesor de Teoría Sociológica, Filosofía del Derecho y Metodología de las Ciencias Sociales es tajante: “Ninguna”. “Pero es algo que se tiene que hacer”, contrapone. “Todos estos días estoy teniendo una charla, un debate, un simposio, un coloquio al respecto. Y la renta básica se hará, esté o no on fire el debate como ahora”. 

Y al debate al que se refiere Raventós es el del Ingreso Mínimo Vital (IMV), que según el ministro de Seguridad Social José Luis Escrivá, llegará inmediatamente a 100.000 personas. Raventós cree que la IMV se trata de una “renta para pobres”. “En alguna entrevista el ministro ha dicho que el IMV va a llegar a un millón de familias. La media por familia en España es 2,5 personas, así que la ayuda llegará a aproximadamente 2,5 millones de personas. Oficialmente hay 10 millones de ciudadanos en el Reino de España por debajo del umbral de la pobreza. Así que el 75% de la población del año 2019 se quedará fuera”.

Raventós, que igualmente es miembro de ATTAC, expone las diferencias entre la renta básica y el IMV o renta para pobres, lo que según él viene a conocerse como “subsidio condicionado”. Y expone cinco criterios técnicos. “Primero, por la trampa de la pobreza. Cuando se es perceptor de un subsidio condicionado existe un fuerte desincentivo a buscar trabajo remunerado si ello implica la pérdida total o parcial del subsidio. Este problema no se puede sortea: percibir un subsidio casi siempre es incompatible con cualquier otro tipo de renta”. Raventós critica que “si aceptas un trabajo de mierda tienes que renunciar al subsidio, creándose situaciones en algunas Comunidades Autónomas de risa, donde ofrecen trabajar por 30 o 40 euros a la semana”. 

“Segundo”, prosigue, “por los costes administrativos. En los subsidios condicionados siempre hay que comprobar la condición de pobre del solicitante, que tiene que demostrar que es pobre y que cumple los requisitos”. Pero para eso, agrega, “tiene que haber alguien que lo controle”. 

El tercer problema que avanza Raventós es la “estigmatización social asociada a los candidatos a percibir un subsidio condicionado, tener que significarse en las ventanillas de la administración como pobres, culpables, enfermos o fracasados”. 

El cuarto sería la “cobertura insuficiente”. “Si sumamos todos los subsidios condicionados que hay en España, estos no llegan ni al 8% de las personas oficialmente pobres, esto es, por debajo del umbral de la pobreza de acuerdo a datos oficiales de 2019”.

El quinto y último argumento contra los subsidios condicionados son las hipotéticas “restricciones presupuestarias”. “Al no ser un derecho establecido, cuando hay restricciones o llega una crisis las administraciones recortan el presupuesto, y eso afecta a los subsidios condicionados”, lamenta. “Se dan muchos casos de personas a las que les habían concedido un subsidio y se lo han retirado, o de repente les exigen más condiciones para acceder al mismo”. 

“Con una renta básica, no ocurriría todo lo anterior”, sostiene. Y celebra su comparecencia en la Cámara Baja, pese a no confiar en que pueda salir algo concluyente de su paso de inmediato. “Es bueno que continúe el debate público”, confía Raventós. “En quien sí tengo depositadas más esperanzas es en la ciudadanía: una mayoría social reivindicará la renta básica, como ha sucedido en el pasado con derechos que van desde la abolición de la esclavitud hasta la legalización del matrimonio LGTBi, pasando por las vacaciones pagadas o la jornada de 40 horas”.

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