La agenda común de Bill Gates y Mark Zuckerberg

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10:05 am – agosto 6, 2020

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El investigador de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) Antoni Verger sostiene que la Industria de la Educación Global (GEI, por sus siglas en inglés) representa el crecimiento “aparentemente inexorable del mercado hacia muchas áreas de la vida que antes se consideraban fuera del alcance de las fuerzas y los arreglos del mercado”. Y añade que nunca antes había existido una cantidad tan grande de organizaciones con fines de lucro en esta área tejiendo alianzas en todo el mundo. Al margen de las técnicas de relaciones públicas desplegadas por las corporaciones tecnológicas, existe toda una serie de poderosas instituciones ejerciendo presión.

Son, por ejemplo, los colegios privados que se mantienen gracias al dinero de Wall Street, periodistas que escriben en medios sobre las bondades de las últimas innovaciones, organizaciones que agrupan a distintas corporaciones con lobbistas, abogados y especialistas en relaciones públicas a sueldo o think tanks. Pero también las fundaciones filantrópicas creadas por los plutócratas de Silicon Valley, firmas de asesoría e instituciones financieras internacionales. 

En la parte más visible de esta superestructura se encuentran la cadenas de escuelas privadas que están diversificando el sector privado, antaño en manos de proveedores religiosos u ONG. Entre ellas destaca GEMS Education, el mayor operador de escuelas de jardín de infancia del mundo, la cual tiene sede en Dubai –las familias en los Emiratos Árabes gastan más en educación que las familias de cualquier otro lugar del mundo, excepto Hong Kong– y se encuentra respaldada por el fondo CVC Capital Partners, entre cuyos miembros se incluyen Blackstone (el mayor gestor de activos del mundo), Fajr Capital (gigante del capital privado de Asia) y el fondo soberano de Bahrein. Otra de ellas es Ark Schools, cuyo expresidente Stanley Fink fue tesorero del Partido Conservador y quien se hizo un nombre como CEO del Man Group, el tercer hedge fund más grande del mundo. 

También podemos citar a Bridge International Academies, compañía que dirige escuelas de bajo coste en India o África, y que cuenta con el respaldo financiero de Bill Gates, Mark Zuckerberg, Pearson o el Banco Mundial. De acuerdo a una investigación interna de este último, el gobierno de Reino Unido invirtió de manera directa 12,3 millones de libras en la compañía, 8,8 millones mediante impuestos y 3,5 millones a través de una donación del banco del Departamento de Desarrollo Internacional, e indirectamente a través de partidas para un fondo de capital de riesgo llamado NovaStar Ventures, el cual estaba registrado en Islas Mauricio.

Estas escuelas, que van más allá de las instituciones educativas privadas tradicionales, avanzan en la agenda del aprendizaje personalizado, edu-marketing, soluciones de inteligencia artificial, la datificación o uberización de la educación en lugares en donde las instituciones públicas nunca han existido. De algún modo, son una herramienta para avanzar en los intereses de Wall Street y Silicon Valley, pues permiten introducir tanto las finanzas como las tecnologías del sector privado en países del tercer mundo, es decir, en nuevos mercados. Ahí es donde entran entidades filantrópicas como la Bill y Melinda Gates Foundation, Hewlett Foundation o la Chan Zuckerberg Initiative, autónomas respecto a las matrices corporativas, pero alineadas con la estrategia comercial de sus fundadores. 

La fundación Bill & Melinda Gates. WIKIPEDIA

Desde que fue creada en 1998, la cantidad aportada por la Fundación Gates a proyectos centrados en la educación o la sanidad asciende a 15.000 millones de dólares repartidos en unas 3.000 subvenciones. Por otro lado, como publicó el medio especializado ChalkBeat, la fundación del CEO de Facebook ha gastado más de 300 millones de dólares en 400 iniciativas desde que inició su camino en 2015. Entre ellas, se encuentran 250.000 dólares al citado medio y a otros como Edsurge para que escriban artículos o preparen boletines informativos ensalzando la ideología el aprendizaje personalizado. También a aplicaciones que recopilan información sobre miles de estudiantes en India, como Byju’s, o datos del aprendizaje socioemocional de los niños y niñas, como Panorama.

No obstante, las mayores inversiones de la fundación se registran en iniciativas de aprendizaje personalizado como New Profit (seis millones y medio de dólares) o la Woodrow Wilson National Fellowship Foundation (tres millones de dólares), colegios convertidos en vehículos de inversión, como es el caso del New Schools Venture Fund (cinco millones), o centros para formar líderes emprendedores en el ámbito educativo, si nos referimos al Pahara Institute (4,3 millones).

Ciertamente, Zuckerberg y Gates comparten agenda: conectar al mayor número de agentes posibles a sus infraestructuras. En 2013, cuando las consecuencias del crack financiero llevaron a los gobiernos a recortar en los presupuestos para educación, ambos salieron al rescate y entregaron nueve millones de dólares a una organización sin fines de lucro llamada EducationSuperHighway, la cual permite a las escuelas probar sus velocidades de banda ancha y los asesora sobre cómo asegurar mejores conexiones a Internet. Dado que por entonces más del 70% de las escuelas en Estados Unidos tenían una red desactualizada, lenta o sencillamente carecían de ella, ambos filántropos la financiaron para asegurarse de que todos los menores del país pudieran acceder a sus servicios de educación.

El objetivo último de todo ello no es otro que expandir hacia el sector de la educación lo que se ha dado en llamar education-as-a-benefit [la educación como beneficio]. En los últimos 20 años, la universidades han formado 94 asociaciones público-privadas (PPP) para poner en marcha programas académicos nuevos e innovadores. Según los datos de HolonIQ, este ecosistema de más de 100 jugadores privados compite en un mercado global de 7.000 millones, el cual se duplicará en los próximos cinco años.

De algún modo, esta es la misma estrategia que Facebook lleva a cabo con Free Basics en 65 países y 30 naciones africanas: proporcionar a los usuarios móviles acceso gratuito a un pequeño número de sitios web. Este modelo ha sido descrito por el profesor de la Universidad de Stanford Toussaint Nothias como una experiencia que emula a “un jardín amurallado”: cuando los usuarios dependen de Facebook para acceder a Internet, también lo hacen para disfrutar de clases a distancia o cursos que les formen en habilidades que les faciliten acceder al mercado laboral del primer mundo.

Diferenciándola de las prácticas de Rockefeller, Carnegie o Ford, el académico Dana Brakman Reiser llegó a definir esta práctica, común entre los distintos emprendedores de Silicon Valley, como un vehículo filantrópico disruptivo porque “puede liberar un enorme capital para resolver los problemas de la sociedad y magnificar la influencia de las élites más poderosas”. La activista Audrey Watters iba más allá al acuñar el término Ed-Tech mafia para describir las prácticas de filántropos como Pierre Omidyar, director de la red Omidyar.

Las inversiones en educación de esta fundación incluyen la AltSchool (startup fundada por una ex ejecutiva de Google), el campamento de programación africano Andela o una startup que se describe a sí misma como una alternativa a la universidad llamada MissionU. Por su lado, como describiría Watter, Elon Musk ha fundado una escuela privada llamada Ad Astra para llevar a sus propios hijos y a los de algunos empleados de SpaceX. También la empresa de uno de los cofundadores de Paypal, Affirm, está en el negocio de préstamos estudiantiles.

Otro de los promotores de esta empresa, Peter Thiel, ha invertido en la compañía de datos adaptados a la educación Clever, en la descrita a sí misma como “acelerador de carreras” Thinkful o en la compañía de préstamos estudiantiles SoFi, entre muchas otras. Reid Hoffman, fundador de Linkedin, es uno de los primeros inversores en la startup para dar clases online Edmodo, inversor de la empresa de aprendizaje de programación Treehouse e inversor en la firma de libros de textos personalizables Knewton.

En la categoría de organizaciones internacionales interesadas en financializar la educación destaca el Banco Mundial, la OCDE y el World Economic Forum. Este último ha acuñado el concepto Education 4.0 en una clara alusión a la necesidad de adaptar las escuelas a los cambios que se están produciendo en las fábricas digitales. En palabras del profesor Ben Williamson, la intención de esta troika educativa es “lubricar los vínculos entre el aprendizaje y las ganancias, característico de la economización de la educación, y obligar a los líderes educativos nacionales a utilizar tecnologías digitales para garantizar mejores perspectivas de empleabilidad para los estudiantes”. Todas ellas utilizaron el brote de coronavirus para avanzar en esta dirección, con publicaciones de documentos con recomendaciones y con la difusión de seminarios online.

En este contexto se sitúan también las empresas de consultoría, que van desde grandes corporaciones transnacionales como PriceWaterhouseCoopers –que ha llegado a escribir informes sobre “el futuro del conocimiento” para distintos programas de las Naciones Unidas– o consultoras al estilo McKinsey, que asesora a distintas iniciativas privadas para que vayan “más allá del modelo educativo de la revolución industrial”. Estas relaciones suelen engrasarse en distintas cumbres off-line donde una mezcla diversa de actores del sector tecnológico, empresas estadounidenses (Amazon, Google y Apple), startups, líderes políticos y agentes corporativos involucrados llevan a sus voceros para expandir el credo de un futuro conectado a los servidores de cinco empresas estadounidenses.

Estos actores han aprovechado el coronavirus para contar una historia donde la tecnología y la educación convergen felizmente sin tener en cuenta ningún factor social, como la pobreza o la desigualdad. En un monográfico publicado por la universidad pública de Melbourne, la profesora Felicitas Macgilchnrist afirma que, efectivamente, “algunos niños no tienen tecnología y, por lo tanto, están excluidos del aprendizaje”. Y añade: “Pero esto omite la exclusión que los niños sufren cuando aparentemente están insertados [o conectados a Internet], y también la apariencia de inclusión que tiene lugar aunque vivan excluidos de la sociedad”. 

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Autor: Ekaitz Cancela
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